La imagen que
acompaña este texto forma parte de una solución propuesta a la Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt (UNERMB), Venezuela, en el año
2007 y luego en el 2013 por lo que no se le puede echar la culpa a nadie en
especial ya que esto cubre varias gestiones rectorales. El problema de base es que
la universidad no tiene espacios, carece por completo de planta física, en
todas las sedes se nota este problema, faltan salones de clase, espacios
administrativos y desde luego, espacios para la investigación y la cultura. En este
caso, lo único que debía hacer la universidad era firmar unos papeles y
abandonar la consabida burocracia que le impide ver las cosas. Como representante
de un museo que había ayudado a madurar junto con otros a lo largo de los años,
tuve la oportunidad de ofrecer estos espacios para un convenio institucional generoso
en el cual a) la universidad podía instalar un centro de investigaciones en el
área de historia y antropología; b) tener, por primera vez, un Museo Universitario y c) colocar espacios
para que funcionara una sede local de la Dirección de Cultura ubicada en los Puertos de Altagracia, una población donde la universidad tiene un núcleo. En la actualidad, funciona ese espacio un museo
antropológico por lo cual se podía continuar la idea, reforzándola con un centro de investigaciones para la zona norte de
la Costa Oriental del Lago de Maracaibo. En esos días de gloria, cuando hice la propuesta, el museo contaba
con biblioteca, sala de reuniones, dos oficinas (una administrativa y una para
investigadores) debidamente equipadas, dos salas de exposición, un depósito de arqueología
y una tienda de artesanía.
Las mejores universidades de la zona poseen museos
universitarios por razones obvias: la Universidad del Zulia, por ejemplo, aprovecha un Museo
de Arte Contemporáneo para una labor patrimonial importante y la Universidad de
los Andes, lo propio con el Museo Arqueológico Gonzalo Rincón Gutiérrez y el
Museo de Arte Popular Salvador Valero; pero además, son usados como centros
de investigación. Se debe recordar que en el mundo, el coleccionismo tuvo ese
sentido inicial muy profundo, es decir, los objetos eran utilizados para la investigación
científica. El museo más antiguo del mundo, entre los museos de ciencias, es el
de Ashmoleam de 1638 creado como un anexo de la Universidad de Oxford, y en Venezuela,
el primer museo del que tiene noticia fue el Museo Nacional creado por Adolfo
Ernst en 1870 en el segundo piso de la Universidad de Caracas (hoy Universidad
Central de Venezuela), constituido con objetos de una colección que había
pertenecido a José María Vargas, 200 “números” de “armas indias”, 120 hachas
líticas, “antigüedades romanas”, antigüedades provenientes de Groenlandia,
Dinamarca y Alaska (de antiguos emplazamientos esquimales), objetos indígenas
del Perú, México y del Medio Oriente, y estatuillas originales de tumbas reales
egipcias (Ver Pereira, 2000; Ernst, 1889a; 1889b; 1889c). Los "objetos" les servían a los profesores para realizar estudios y a los estudiantes para
aprender. Llegó a tener un jardín botánico lo cual servía del mismo
modo, para las prácticas de biología (hoy en día los jardines botánicos son
considerados también museos por el ICOM).
No cabe duda, pues, de la importancia de este tipo de
instituciones. Alguien ha dicho que no hay mejor idea que enseñar con objetos o teniendo los objetos en la mano; de la misma forma que para realizar investigaciones científicas. El que
hace ciencia empírica sabe que se trata de una regla inquebrantable; por otro lado, no es lo
mismo enseñar con tiza y pizarrón que con objetos. En el caso del Museo del
Hombre, posee objetos de 800 años de antigüedad que fueron utilizados por los indígenas americanos doscientos o trescientos
años antes de que Cristóbal Colón naciera, que formaron parte de
sus vidas, con los cuales soñaron y trabajaron, y que pueden ser usados para enseñar, lo cual plantearía una oportunidad excepcional. Es lamentable, por ende, que la universidad no haya prestado la más mínima atención a la propuesta
que para ella tendría costos mínimos de mantenimiento. Ciertamente no tiene mucho sentido y el lector adivinará lo que se me dijo
cuando la realicé; la respuesta que se me devolvió fue “no se puede…”. Mi universidad es la
institución del “no se puede…”
Referencias Bibliográficas
Pereira, Lewis. 2000. “El Sentido de los Museos (Estudio
sobre las Representaciones de los museos y lo antropológico en Maracaibo y Los
Puertos de Altagracia, Estado Zulia, Venezuela”. Publicado en Boletín Antropológico, Nº 50, editado
por el Centro de Investigaciones Etnológicas y el Museo Arqueológico de la
Universidad de los Andes, p. 29-52. Mérida, Venezuela.
Ernst, Adolfo. 1889a. “Adquisiciones recientes del Museo
Nacional” aparecido originalmente en Revista Científica de la Universidad
Central de Venezuela. Caracas, Nº1. Ver ERNST, A.(1987). Obras completas (compilación de Blas Bruni Celli). Tomo VI. Edición
de la Presidencia de la República de Venezuela. Caracas.
Ernst, Adolfo. 1889b. “Antigüedades Groenlandesas,
dinamarquesas y de Alaska” (Museo nacional). En revista científica de la
universidad central de Venezuela. Caracas, Nº 2 ver Idem.
Ernst, Adolfo. 1889c. “Adquisiciones recientes de la Sección
Etnográfica del Museo Nacional” en Idem.
