"Mi trabajo en la Universidad Venezolana responde a la capacidad de autoestudio de una Universidad consciente de su situación y deseosa de superarlo poniendo en acción sus propios mecanismos de renovación" Darcy Ribeiro (2 de agosto de 1970, El Nacional)

martes, 9 de junio de 2015

Un Museo para la Universidad y un centro de investigaciones

La imagen que acompaña este texto forma parte de una solución propuesta a la Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt (UNERMB), Venezuela, en el año 2007 y luego en el 2013 por lo que no se le puede echar la culpa a nadie en especial ya que esto cubre varias gestiones rectorales. El problema de base es que la universidad no tiene espacios, carece por completo de planta física, en todas las sedes se nota este problema, faltan salones de clase, espacios administrativos y desde luego, espacios para la investigación y la cultura. En este caso, lo único que debía hacer la universidad era firmar unos papeles y abandonar la consabida burocracia que le impide ver las cosas. Como representante de un museo que había ayudado a madurar junto con otros a lo largo de los años, tuve la oportunidad de ofrecer estos espacios para un convenio institucional generoso en el cual a) la universidad podía instalar un centro de investigaciones en el área de historia y antropología; b) tener, por primera vez, un Museo Universitario y c) colocar espacios para que funcionara una sede local de la Dirección de Cultura ubicada en los Puertos de Altagracia, una población donde la universidad tiene un núcleo. En la actualidad, funciona ese espacio un museo antropológico por lo cual se podía continuar la idea, reforzándola con un centro de investigaciones  para la zona norte de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo. En esos días de gloria, cuando hice la propuesta, el museo contaba con biblioteca, sala de reuniones, dos oficinas (una administrativa y una para investigadores) debidamente equipadas, dos salas de exposición, un depósito de arqueología y una tienda de artesanía.
Las mejores universidades de la zona poseen museos universitarios por razones obvias: la Universidad del Zulia, por ejemplo, aprovecha un Museo de Arte Contemporáneo para una labor patrimonial importante y la Universidad de los Andes, lo propio con el Museo Arqueológico Gonzalo Rincón Gutiérrez y el Museo de Arte Popular Salvador Valero; pero además, son usados como centros de investigación. Se debe recordar que en el mundo, el coleccionismo tuvo ese sentido inicial muy profundo, es decir, los objetos eran utilizados para la investigación científica. El museo más antiguo del mundo, entre los museos de ciencias, es el de Ashmoleam de 1638 creado como un anexo de la Universidad de Oxford, y en Venezuela, el primer museo del que tiene noticia fue el Museo Nacional creado por Adolfo Ernst en 1870 en el segundo piso de la Universidad de Caracas (hoy Universidad Central de Venezuela), constituido con objetos de una colección que había pertenecido a José María Vargas, 200 “números” de “armas indias”, 120 hachas líticas, “antigüedades romanas”, antigüedades provenientes de Groenlandia, Dinamarca y Alaska (de antiguos emplazamientos esquimales), objetos indígenas del Perú, México y del Medio Oriente, y estatuillas originales de tumbas reales egipcias (Ver Pereira, 2000; Ernst, 1889a; 1889b; 1889c). Los "objetos" les servían a los profesores para realizar estudios y a los estudiantes para aprender. Llegó a tener un jardín botánico lo cual servía del mismo modo, para las prácticas de biología (hoy en día los jardines botánicos son considerados también museos por el ICOM).
No cabe duda, pues, de la importancia de este tipo de instituciones. Alguien ha dicho que no hay mejor idea que enseñar con objetos o teniendo los objetos en la mano; de la misma forma que para realizar investigaciones científicas. El que hace ciencia empírica sabe que se trata de una regla inquebrantable; por otro lado, no es lo mismo enseñar con tiza y pizarrón que con objetos. En el caso del Museo del Hombre, posee objetos de 800 años de antigüedad que fueron utilizados por los indígenas americanos doscientos o trescientos años antes de que Cristóbal Colón naciera, que formaron parte de sus vidas, con los cuales soñaron y trabajaron, y que pueden ser usados para enseñar, lo cual plantearía una oportunidad excepcional. Es lamentable, por ende, que la universidad no haya prestado la más mínima atención a la propuesta que para ella tendría costos mínimos de mantenimiento. Ciertamente no tiene mucho sentido y el lector adivinará lo que se me dijo cuando la realicé; la respuesta que se me devolvió fue “no se puede…”. Mi universidad es la institución del “no se puede…”

Referencias Bibliográficas

Pereira, Lewis. 2000. “El Sentido de los Museos (Estudio sobre las Representaciones de los museos y lo antropológico en Maracaibo y Los Puertos de Altagracia, Estado Zulia, Venezuela”. Publicado en Boletín Antropológico, Nº 50, editado por el Centro de Investigaciones Etnológicas y el Museo Arqueológico de la Universidad de los Andes, p. 29-52. Mérida, Venezuela.

Ernst, Adolfo. 1889a. “Adquisiciones recientes del Museo Nacional” aparecido originalmente en Revista Científica de la Universidad Central de Venezuela. Caracas, Nº1. Ver ERNST, A.(1987). Obras completas (compilación de Blas Bruni Celli). Tomo VI. Edición de la Presidencia de la República de Venezuela. Caracas.

Ernst, Adolfo. 1889b. “Antigüedades Groenlandesas, dinamarquesas y de Alaska” (Museo nacional). En revista científica de la universidad central de Venezuela. Caracas, Nº 2 ver Idem.


Ernst, Adolfo. 1889c. “Adquisiciones recientes de la Sección Etnográfica del Museo Nacional” en Idem.